
Pellegrino Matarazzo
Real Sociedad, 2025-Presente
Pellegrino Matarazzo, desconocido para la afición de la Real Sociedad hasta poco antes de las Navidades, fue el elegido en la terna de entrenadores que la dirección deportiva de la Real Sociedad tenía en su agenda (Thiago Motta, Marco Rose y García Pimienta eran los otros nombres) para sustituir al destituido Sergio Francisco.
Matarazzo es un entrenador estadounidense de origen italiano y con experiencia en el fútbol alemán. Precisamente, su perfil como técnico aglutina trazos que se podrían asociar a su “pasaporte”: un enfoque analítico basado en su origen estadounidense, el juego directo y dinámico de la escuela alemana (dirigió en equipos de fútbol base de Alemania y más tarde entrenó al Stuttgart entre 2019 y 2022 y al Hoffenheim entre 2023 y 2024) y el orden táctico del fútbol italiano. Son patrones que busca reproducir en la Real Sociedad, cuya plantilla había estudiado en profundidad antes de su llegada para sacarle el máximo rendimiento.
“Hay que hablar de nuestro progreso y de cómo atacamos los espacios. De defender mejor. Necesitamos crear claridad para ver cómo generamos fútbol. Ese es mi trabajo”, dijo el técnico en su presentación con el club txuriurdin. Además, explicó que necesitan “conectar a los jugadores y que sepan lo que tienen que hacer en cada momento”. El objetivo, como ya hizo en el Hoffenheim, es maximizar las virtudes del equipo para hacerle escalar puestos en la clasificación de LaLiga y llevarlo a Europa. A continuación, nuestros entrenadores UEFA Pro analizan al nuevo arquitecto de la Real Sociedad.
Proteger el carril central
En su etapa en el Stuttgart, Pellegrino Matarazzo mostró una clara inclinación por las estructuras de tres centrales como base organizativa. El 3-4-2-1 y el 3-5-2 no eran simples dibujos iniciales, sino plataformas diseñadas para proteger el carril central, asegurar superioridad en la primera línea y liberar a los carrileros para sostener la amplitud.
Centrales como Waldemar Anton, Konstantinos Mavropanos o Hiroki Ito asumían roles activos, escalonándose para atraer la presión del rival y facilitar líneas de pase interiores (abajo) hacia futbolistas como Wataru Endo o los mediapuntas que ocupaban los espacios intermedios. Cuando Naouirou Ahamada se abría para recibir, Ito podía realizar conducciones interiores para superar la presión rival. Esta disposición aumentaba la incertidumbre del oponente a la hora de realizar una presión adelantada. La estructura defensiva de Matarazzo en el Stuttgart no solo buscaba proteger, sino también condicionar el juego del rival. Al cerrar el carril central con tres centrales escalonados y un mediocentro posicional, el equipo alemán forzaba al rival a atacar por la banda, donde las ayudas defensivas y las basculaciones podían activarse con mayor control.

En los momentos sin balón, el repliegue se organizaba en 5-3-2 o 5-4-1, con distancias cortas entre líneas y una clara prioridad por cerrar el intervalo central-lateral. Durante su etapa en el Hoffenheim, Matarazzo mantuvo los mismos principios defensivos que en el Stuttgart, con perfiles como Arthur Chaves y Kevin Akpoguma, reforzando la estabilidad interior sin renunciar a la agresividad defensiva.
En sus primeros partidos con la Real Sociedad, el técnico ha jugado con una línea de cuatro atrás en muchos contextos, pero conservando la compacidad interior, el escalonamiento defensivo y la orientación de la presión hacia los costados, reforzando así su solidez defensiva (abajo). Jon Martín, Duje ?aleta-Car Carlos Soler y Beñat Turrientes sostienen una estructura que prioriza la protección del carril central como eje estratégico del juego.

Salida de balón: centrales creativos y superioridades en primera fase
En el libreto táctico de Matarazzo, la salida de balón es una acción creativa para avanzar. En el Hoffenheim, los centrales no se limitaban a asegurar el primer pase, sino que asumían responsabilidades en la progresión: conducían, fijaban a rivales y filtraban pases verticales hacia los interiores. Futbolistas como Arthur Chaves y Kevin Akpoguma atraían a la primera línea rival para liberar a Florian Grillitsch o Tom Bischof entre líneas, mientras que Andrej Kramari? ocupaba zonas intermedias para recibir con ventaja (abajo).
La estructura ofensiva se organizaba en un 3-2-5, con carrileros muy altos y mediapuntas ocupando los espacios intermedios, generando superioridades en la primera y segunda líneas. Este comportamiento permitía al Hoffenheim superar presiones individualizadas mediante la atracción y la liberación de espacios. La conducción de los centrales obligaba a los delanteros rivales a saltar, rompiendo la simetría defensiva y creando pasillos interiores para progresar con una orientación corporal favorable.

Un mecanismo recurrente en los equipos de Matarazzo en la salida de balón es la rotación de los centrales hacia el lado del primer pase, liberando el sector opuesto para que el extremo o el carrilero reciban con ventaja. Cuando el portero repetía pase con el central, obligaba al delantero rival a decidir si saltar o proteger el pase interior, generando espacios a la espalda de la presión (abajo). En la Real Sociedad, este principio se mantiene con estructuras más cercanas al 4-4-2 o al 4-2-3-1, pero con la misma lógica: atraer la presión, proteger la base y progresar por dentro.

Presión alta y contrapresión
La presión es uno de los pilares del modelo de Pellegrino Matarazzo. En el Stuttgart, los saltos se activaban en momentos muy claros: controles orientados hacia atrás, pases laterales lentos o recepciones con perfil corporal cerrado. Los extremos y mediocentros lideraban una presión coordinada, cerrando líneas interiores y forzando al rival a jugar directo. Futbolistas como Borna Sosa, Naouirou Ahamada y Waldemar Anton acosaban al poseedor, orientando la acción hacia la banda, mientras los interiores cerraban líneas de pase hacia el carril central. La presión no buscaba solo robar, sino condicionar la dirección del juego rival.

En el Hoffenheim, la contrapresión tras una pérdida era inmediata, especialmente por dentro. El equipo formaba un cuadrado de presión con los interiores y el pivote para evitar transiciones limpias (arriba). Futbolistas como Grillitsch, Bischof y Anton Stach saltaban de forma coordinada sobre el poseedor. Si la presión alta no era viable, el bloque se reorganizaba en un 5-3-2, cerrando el carril central. La última línea defensiva, por su parte, achicaba el espacio del adversario justo en el momento en que Grillitsch saltaba sobre el posible receptor, impidiendo así que los jugadores adelantados rivales pudieran ganar una posible segunda jugada entre líneas.
En la Real Sociedad, el 4-4-2 se convierte en una herramienta flexible: Brais Méndez salta sobre el central y Mikel Oyarzabal sobre el portero rival; entretanto, Beñat Turrientes y Carlos Soler fijan a los pivotes rivales, y el extremo del lado activo cierra la salida por banda (abajo).

Ataque posicional: ocupación racional de los espacios
Pellegrino Matarazzo no quiere automatismos rígidos, sino principios de juego. Su ataque posicional se basa en la ocupación racional de los carriles interiores, la generación de superioridades por dentro y la circulación constante entre líneas. En estructuras como el 3-4-2-1, los mediapuntas atraen a los mediocentros rivales, creando triángulos interiores con el pivote del lado activo.
Los carrileros sostienen la amplitud con rupturas profundas, mientras que los delanteros alternan apoyos previos con rupturas agresivas al intervalo central-lateral para finalizar con pocos contactos. Un patrón repetido en el Hoffenheim era que, con balón, los interiores Jacob Bruun Larsen y Adam Hložek se juntaran con Umut Tohumcu para atraer a los pivotes rivales, justo en el momento en que Pavel Kade?ábek rompía en profundidad desde el carril exterior, en diagonal, para facilitar una asistencia de gol al delantero (abajo, en el partido de Europa League contra el Midtjylland).

Jugadores como Hlozek, Larsen y Kramaric interpretaban muy bien los apoyos y las rupturas entre el central y el lateral. Un ejemplo claro era la secuencia en la que Umut Tohumcu atraía por dentro, Pavel Kaderabek rompía en profundidad por fuera y Max Moerstedt atacaba el área.
En la Real Sociedad, Oyarzabal y Brais Méndez actúan como segundos puntas móviles mientras Sergio Gómez y Take Kubo estiran por fuera (abajo). El objetivo es crear claridad interior para finalizar con ventaja.

Lectura del contexto y juego aéreo
Una de las mayores virtudes de Matarazzo es su capacidad para interpretar el contexto del partido y ajustar la estructura sin perder identidad. De ese modo, puede pasar de un 3-4-1-2 a un 5-3-2 (abajo) para proteger los costados, o reforzar el carril central con un mediocentro más fijo si el rival domina por dentro. Estos cambios no son reactivos, sino estratégicos, diseñados para equilibrar alturas, dar densidad al centro del campo y controlar las transiciones.
En la fase ofensiva, cuando el equipo necesita control, introduce un mediocentro por detrás de la primera línea rival (3-1-4-2). Si el contexto de partido demanda mayor profundidad, sobre todo para darle la vuelta a un resultado negativo, Pellegrino Matarazzo envía a los carrileros hacia arriba y los dos delanteros atacan principalmente los intervalos entre el central y el lateral de la defensa rival.

Por último, y para completar las claves principales de su libro de estilo, el nuevo arquitecto de la Real Sociedad también da una gran importancia al juego aéreo ofensivo, ya sea dominando el área rival con centros laterales (abajo) o a través de las acciones a balón parado, las cuales suponen una herramienta táctica integral en el juego del equipo.

Puedes conocer a más entrenadores y su estilo en The Coaches' Voice Análisis/Entrenadores. También te invitamos a conocer la oferta académica de MBP Coaches' School.