Ademola Lookman
Atlético de Madrid, 2026-Presente
Hay partidos que cambian para siempre la carrera de un futbolista. En el caso de Ademola Lookman, ese partido llegó en la final de la Europa League 2023/24 ante el hasta entonces invicto Bayer Leverkusen —fue la primera y única derrota de los alemanes, dirigidos entonces por Xabi Alonso, esa temporada—, con un hat-trick como firma para una noche histórica de la Atalanta, que supuso el primer título europeo del club italiano.
Las expectativas siempre fueron altas con Ademola Lookman, pero los primeros años de su carrera estuvieron marcados por sus continuos cambios de equipo y reiteradas cesiones. Así, sin haberse podido consolidar en la Premier League, aterrizó en la Atalanta en 2022. Dos años después, el internacional nigeriano estaba multiplicando su valor cada semana merced a grandes exhibiciones con La Dea, ninguna tan especial como la de ese partido frente al Bayer Leverkusen. Una actuación que lo situó desde entonces en la órbita del Atlético de Madrid y también del Inter de Milán. Lookman intentó forzar su salida al Inter en el verano de 2025 con una situación muy tensa, pero la Atalanta no accedió a la petición de su futbolista.
La historia ha sido bien distinta con el Atlético de Madrid, que se hizo con Lookman en el último día del mercado de invierno por 35 millones de euros, adelantándose al Galatasaray, club que tenía muy avanzada su contratación. El atacante nigeriano es un fichaje de renombre y calidad para el ataque rojiblanco, aunque deberá despejar las dudas que existen sobre la regularidad de su rendimiento, ya que en Bérgamo compaginó noches como la de la final de la Europa League de 2024 con actuaciones muy por debajo de su nivel.
¿Qué jugador veremos en el Atlético de Madrid? Nuestros entrenadores UEFA Pro intentarán descifrar cuál puede ser el encaje de Lookman en el equipo de Diego Pablo Simeone.
El 1 contra 1 como generador de ventajas estructurales
Ademola Lookman es un extremo que utiliza el desborde en el 1 contra 1 como una acción funcional, es decir, para provocar desajustes en la estructura colectiva rival y no solo en su par directo. La unión entre su primer control y su perfil corporal previo a este condiciona al rival: orienta el control hacia dentro, invita a su marcador a saltar y fuerza la activación defensiva del pivote rival más cercano o del central colindante. Esto rompe la simetría del bloque rival y genera escenarios de ventaja para su equipo incluso antes de ejecutar el regate. Lookman domina el timing para acelerar o pausar, sabiendo cuándo ir al duelo, atraer a un segundo defensor para liberar a un compañero u optar por el disparo (abajo).
Su comportamiento ofensivo convierte su desequilibrio en una herramienta sistémica a favor de su equipo. Cuando encara con una conducción simple o compuesta —varios toques y movimientos— buscando el dribbling, el bloque rival tiende a comprimirse; por lo tanto, las basculaciones se aceleran y aparecen intervalos interiores relevantes o carriles libres en el lado débil. Incluso en acciones en las que no supera al rival en el 1 contra 1 suele ganar metros que amplían la profundidad defensiva rival o provocan una reorganización forzada. Por eso, su impacto va más allá de goles o asistencias: Ademola Lookman condiciona el plan defensivo rival, obligándolo a proteger zonas que otros extremos no amenazan con la misma constancia.

En el Atlético de Madrid, la cualidad de Lookman para el desborde encaja en una necesidad estructural del equipo, ya que el Atlético de Madrid sufre cuando el rival cierra el carril central y lo obliga a atacar de forma previsible. Lookman puede permitir recuperar el desequilibrio exterior, forzando ayudas del rival en la banda y liberando así espacios interiores para la llegada de los mediocampistas o atacantes rojiblancos. En sistemas como el 4-4-2 o el 4-2-3-1, su recepción abierta en la banda izquierda puede ser un punto de partida para activar terceros hombres y progresar sin necesidad de largas circulaciones.
Además, su regate facilitaría al Atlético de Madrid atacar con menos pases y más intención, algo alineado con su identidad bajo el mando de Simeone. De este modo, el equipo no necesitará dominar la posesión para generar peligro: le bastará con recibir en ventaja. En escenarios de bloque medio-bajo rival, Lookman ofrecerá una solución directa para romper partidos cerrados sin desordenar al equipo.
Producción ofensiva y comprensión del momento competitivo
La discusión sobre Ademola Lookman no se centra en su talento, sino en su capacidad para mantener una regularidad competitiva. Sus últimos meses en la Atalanta reflejan una caída en cifras directas, pero el análisis táctico muestra que sigue apareciendo en zonas de alto valor. Es un jugador con volumen de tiros, conducciones progresivas hacia zonas de finalización (abajo), capacidad de asistencia y presencia en el área contraria.
Desde el punto de vista táctico, su falta de regularidad se traduce en una peor toma de decisiones en la zona de finalización, como tiros forzados, ejecuciones precipitadas o selecciones de pase menos precisas. Sin embargo, el dato clave es que, rindiendo mejor o peor, Lookman no ha dejado de llegar a donde es más determinante: la zona de finalización. Esto indica que su perfil sigue siendo válido y recuperable si se reordena su rol dentro de una estructura clara y exigente.

Pero, ¿será posible ese reordenamiento en el Atlético de Madrid? El contexto de juego que propone Simeone reduce la ambigüedad, ya que cada jugador conoce su función con claridad y su impacto se mide por su utilidad para fortalecer el bloque. Lookman no tendrá que asumir todo el peso ofensivo, sino ser una pieza específica de desequilibrio y profundidad, protegida por una estructura que no le exige decidir constantemente.
Además, Simeone puede gestionar su impacto. De este modo, no es imprescindible que juegue todos los minutos, sino que aparezca en los escenarios donde su perfil es diferencial, como hacía en la Atalanta (abajo). El técnico argentino ha demostrado saber dosificar a perfiles intensos, potenciando su rendimiento en puntos concretos. Lookman, utilizado en partidos donde el ida y vuelta sea la clave o incluso en repliegues intensivos, puede volver a ser decisivo sin necesidad de forzar su rol, ya que desequilibra con el solo hecho de recibir el balón.

Relación con los delanteros y ocupación racional del área
Uno de los aspectos más infravalorados de Lookman es su inteligencia para relacionarse con el delantero centro. No es un extremo estático que espere centros desde su lado ni un segundo punta encorsetado cerca del ‘9’. La lectura que hace de los movimientos del delantero le permite alternar roles con naturalidad: fija abierto para liberar el carril central o ataca el segundo palo cuando el punta arrastra a los centrales rivales. En muchos contextos, su llegada desde segunda línea es más peligrosa que la del propio delantero, porque aparece fuera del radar defensivo (abajo).
Tácticamente, Lookman entiende el área como un espacio dinámico. Así, ajusta sus desmarques de ruptura o de separación según el perfil corporal del poseedor del balón y la altura de la última línea defensiva. Si el rival repliega, ataca el segundo palo, mientras que si el oponente posiciona su línea alta, busca atacar el intervalo entre el lateral y el central diestros. Esta ocupación racional del área explica su fiabilidad como finalizador sin necesidad de ser un delantero puro.

En el Atlético de Madrid, su relación con el ‘9’ o con dos delanteros puede ser clave para optimizar la convivencia de talentos ofensivos. Lookman debería generar amplitud en la izquierda, permitiendo que los centrocampistas jueguen por dentro y que Alexander Sørloth o Julián Alvarez reciban con espacio. Su capacidad para atacar el segundo palo reforzaría una seña histórica del Atlético de Madrid: la agresividad en el área tras un centro o un pase profundo. No sería un extremo de espera, sino un finalizador secundario o un asistente constante.
Además, su movilidad permitiría variar alturas sin cambiar la estructura, facilitando atacar abierto en banda y acabar como segundo delantero (abajo, en la Atalanta), algo que añade imprevisibilidad sin romper el orden. En partidos cerrados, esta flexibilidad ofensiva también es un recurso decisivo para generar ventajas sin perder equilibrio.

Transición ofensiva como ventaja competitiva
La transición ofensiva es el escenario en el que Lookman alcanza su máximo impacto. Tras el robo de balón en su propio campo, su primer movimiento suele ser vertical: un desmarque de ruptura en profundidad, atacando la espalda del lateral o el espacio intermedio (abajo). No necesita grandes espacios ni apoyos múltiples, ya que con una mínima ventaja corporal explota su aceleración gracias a su potencia. Incluso cuando no recibe el balón, su desmarque condiciona el repliegue rival, obligándolo a proteger la profundidad y a retrasar líneas.
Desde un punto de vista táctico, Lookman no solo ejecuta la transición, sino que también la provoca. Su amenaza constante modifica el comportamiento defensivo del rival incluso cuando el balón está lejos. Esto genera un beneficio indirecto: más espacio entre líneas para fases posteriores de ataque posicional. Es un futbolista que impacta con y sin balón en este tipo de escenarios gracias a su movilidad agresiva desde el carril izquierdo.

En el Atlético de Madrid, esta cualidad encaja de forma natural con la identidad del equipo. Los colchoneros han basado históricamente su agresividad ofensiva a partir del robo de balón y el contragolpe. Lookman elevaría la calidad y la velocidad de esas transiciones, ofreciendo una salida clara por la izquierda y permitiendo ataques más cortos y directos. Asimismo, su presencia reduciría la necesidad de ataques posicionales ante equipos que repliegan y aumentaría la eficacia tras una recuperación.
En partidos de alta exigencia, en los que el Atlético de Madrid acepta tramos sin balón, Lookman puede ser decisivo. Su sola amenaza obliga al rival a mantener vigilancias constantes, algo habitual en su etapa en la Atalanta (abajo), reduciendo con esto la proyección ofensiva del lateral o del central de su lado. Así, no solo suma en ataque, sino que también protege defensivamente al equipo al condicionar la altura del bloque rival.

Disciplina defensiva y encaje estructural
Aunque su perfil sea eminentemente ofensivo, Ademola Lookman ha desarrollado una disciplina defensiva en la que no destaca por volumen de robos, pero sí por su presión orientada y lectura posicional. Sabe cerrar líneas interiores, temporizar y esperar ayudas, evitando saltos impulsivos que rompan el bloque.
Su comportamiento sin balón es clave para sostener estructuras exigentes. Lookman entiende cuándo activar el primer salto tras una pérdida y cuándo replegar para proteger el carril interior. En bloque medio, su posicionamiento ayuda a cerrar pasillos centrales y a respaldar al lateral en basculaciones largas. Incluso cuando queda descolgado, sabe realizar ayudas interiores sorpresivas si el poseedor del balón tiene tiempo y espacio pero está mal perfilado (abajo).

En el Atlético de Madrid de Simeone, la faceta defensiva es innegociable para cualquier jugador. Lookman tendrá que integrarse en un sistema donde el equilibrio colectivo está por encima del lucimiento individual, ya sea en el 4-4-2, el 3-5-2 o el 4-2-3-1. No obstante, su perfil lo permite: puede sostener un bloque medio-bajo sin perder intensidad y activar la presión alta en los inicios rivales cuando el plan lo requiere (abajo, con la Atalanta), apoyando a Julián Alvarez y Sørloth en esa primera presión si el rival se orienta hacia el flanco derecho. No sería un extremo desconectado del trabajo defensivo, sino una pieza disciplinada y funcional.
En conclusión, este encaje defensivo es lo que legitimará su talento ofensivo dentro del modelo rojiblanco, porque con Simeone el talento juega solo si sostiene al sistema. Ademola Lookman cuenta con las herramientas para brillar en ambas facetas —ataque y trabajo sin balón—, y ahí residirá la clave de su adaptación y éxito.

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