Sebastián Beccacece
Ecuador, 2024-Presente
Ecuador selló su clasificación para el Mundial 2026 con una meritoria segunda posición en las eliminatorias sudamericanas, quedando solo por detrás de la Argentina de Lionel Scaloni, vigente campeona del mundo y de la Copa América. La clasificación al Mundial también representa la confirmación de un proceso iniciado con la llegada de Sebastián Beccacece a La Tricolor en 2024. Un entrenador joven y moderno que ha impulsado una transformación en una selección que afronta la próxima Copa del Mundo con grandes aspiraciones, respaldada por su propuesta futbolística y el talento de varios jugadores ya consolidados en la élite europea.
Beccacece ya sabe lo que es competir en un Mundial: formó parte de los cuerpos técnicos encabezados por Jorge Sampaoli que dirigieron a Chile en Brasil 2014 y a Argentina en Rusia 2018. “Siento un entusiasmo desmedido. Ese fuego de haber vivido ya dos competencias, una que he disfrutado más que otra (por la experiencia con Chile en 2014 y Argentina en 2018), pero lo conmovedor que es ver a todo un pueblo en otro país. Viajan de todos los lugares, de todo el mundo, es algo extraordinario”, señaló el director técnico de Ecuador sobre sus experiencias mundialistas en una entrevista a la FIFA. Al margen de esto, Beccacece incluye en su hoja de trabajo la dirección de clubes como Universidad de Chile, Defensa y Justicia, Independiente, Racing Club y Elche.
Nuestros entrenadores analizan las claves principales de la selección de Beccacece antes de que ruede el balón en el Mundial 2026, donde Ecuador se medirá a Alemania, Costa de Marfil y Curazao en la fase de grupos.
Flexibilidad estructural y adaptación contextual
Sebastián Beccacece ha conseguido que Ecuador sea una selección muy adaptable sin perder identidad competitiva. Así, La Tri alterna sistemas como el 4-3-3, 4-4-2, 4-2-3-1 y 5-3-2 dependiendo del rival y del contexto del partido, pero manteniendo siempre principios muy claros: presión alta, agresividad tras pérdida y verticalidad ofensiva. De este modo, Ecuador ya no depende de una sola estructura táctica, sino que interpreta los partidos desde distintas plataformas posicionales.
Cuando juega sobre un 4-3-3, jugadores como John Yeboah, Gonzalo Plata y Enner Valencia toman alturas ofensivas muy agresivas, como en el amistoso que la selección de Ecuador disputó ante México, en noviembre de 2025. En los momentos en los que utiliza el 5-3-2, el equipo se muestra más compacto para proteger los espacios interiores en defensa ante los jugadores más peligrosos del rival, como ante Países Bajos en las fechas internacionales del pasado mes de marzo. Un encuentro en el que el equipo priorizó cerrar los espacios a Cody Gakpo y a Xavi Simons (abajo).

La riqueza del modelo de Beccacece aparece precisamente en la capacidad para modificar alturas y perfiles de los jugadores sin perder comportamiento colectivo. Por ejemplo, ante Marruecos —también el pasado mes de marzo— Alan Franco actuó prácticamente como volante exterior en muchas fases ofensivas, mientras que Piero Hincapié cerraba como tercer central para sostener la transición rival desde la vigilancia ofensiva.
Contra Canadá, en cambio, Ecuador fue un equipo con mucha circulación de jugadores en zona de creación a partir de un 4-4-2 en fase ofensiva. Pedro Vite y Moisés Caicedo generaban superioridades posicionales para orientar el juego hacia el carril exterior, con la ayuda de Piero Hincapié, quien habilitaba una línea de pase a Nilson Angulo (abajo). A partir de ahí, Angulo atraía rivales antes de conectar con uno de los dos mediocentros, ya en ventaja en la zona de creación.
La flexibilidad ofensiva convierte a Ecuador en una selección incómoda porque puede competir en escenarios donde se necesite desordenar al rival para llegar a la zona de finalización con el balón controlado.

Presión alta y agresividad tras perder la pelota
La presión adelantada es una de las grandes señas tácticas de los equipos de Beccacece. En el caso de Ecuador, La Tri intenta recuperar el balón muy arriba en campo rival para transformar esas recuperaciones en ataques rápidos. El equipo orienta la salida del rival hacia fuera, salta de forma agresiva sobre los laterales y los mediocentros y busca ahogar las primeras recepciones interiores para robar y activar a Moisés Caicedo por el carril central.
En el mencionado amistoso ante Marruecos quedó muy claro ese paradigma: Valencia orientaba constantemente la salida de los centrales; Plata fijaba al pivote rival ante posibles recepciones interiores; y Caicedo activaba saltos agresivos mientras actuaba también como hombre libre (abajo). Ecuador dominó territorialmente durante muchos minutos gracias a esa capacidad para recuperar cerca del área rival.

En el partido ante Países Bajos el comportamiento en la presión fue todavía más valiente. Ecuador aceptó acosar muy arriba, incluso contra una selección técnicamente superior en la salida de balón. Franco saltaba sobre Frenkie de Jong, Vite perseguía a Schouten y los carrileros cerraban líneas exteriores con enorme agresividad.
Sin embargo, los problemas aparecían cuando la presión perdía sincronización y se generaban grandes espacios a la espalda de Estupiñán o del propio Franco. Ahí emergían las correcciones de Pacho y Ordóñez, fundamentales para sostener una defensa adelantada durante las transiciones defensivas tras pérdida en campo rival (abajo).
Ecuador entiende la presión como un mecanismo defensivo que le haga recuperar el balón lo más cerca posible del campo rival y minimizar a la vez los contraataques rivales, generando superioridades numéricas y posicionales sobre los posibles receptores.

Moisés Caicedo, eje del equipo
Ecuador gira alrededor de Caicedo, que puede actuar en diferentes posiciones según el sistema utilizado: en el doble pivote del 4-4-2 y del 4-2-3-1, o como pivote único en el 5-3-2. El mediocentro del Chelsea es quien permite que Ecuador juegue con tanta agresividad sin perder su equilibrio defensivo, especialmente en bloques medios o bajos. Su capacidad para cubrir distancias, corregir transiciones y dominar los duelos individuales sostiene gran parte del modelo colectivo.
Ante rivales con un gran potencial ofensivo, como Brasil en la fase de clasificación sudamericana, Caicedo controla las recepciones por dentro de los interiores rivales o extremos centrados, y también sostiene muchas de las persecuciones sobre estos jugadores, permitiendo que Vite juegue con mucha más libertad ofensiva.
Con balón también es el futbolista más determinante a nivel estructural. Caicedo desciende entre centrales para generar una salida limpia cuando el rival presiona alto, atrae rivales para liberar alturas interiores y activa rápidos cambios de orientación (abajo).

En zona de creación, a su alrededor aparecen perfiles complementarios como Franco, más físico y agresivo, o Pedro Vite, mucho más creativo y asociativo, con quien Caicedo se entiende a la perfección a través de paredes en campo rival.
La Tri juega al ritmo emocional y táctico de Caicedo: cuando domina física y territorialmente el partido, Ecuador crece muchísimo. En zona de finalización, Caicedo tiene mucho talento para asistir desde posiciones alejadas a los rematadores dentro del área rival (abajo).

Asimetrías ofensivas y ocupación de las bandas
Uno de los rasgos tácticos más interesantes de Ecuador es la manera en que utiliza las bandas y distribuye las alturas ofensivas. El equipo rara vez ataca de forma completamente simétrica, con jugadores de distintas líneas ocupando la misma altura. Normalmente, uno de los laterales o carrileros gana profundidad máxima, mientras que el opuesto se cierra para formar una línea de tres junto a los centrales.
En los partidos ante Argentina en la fase de clasificación (abajo), Angulo actuó prácticamente como extremo izquierdo, atacando desde la amplitud y la profundidad el carril interior para conectar con Valencia. Entretanto, Vite y Caicedo protegían la estructura ofensiva para equilibrar el posible balance defensivo junto a Pacho y Ordóñez. Eso permitía liberar a Gonzalo Plata hacia zonas interiores y acercarlo a Piero Hincapié por el carril central. Angulo, también involucrado en la jugada, quedaba por fuera.

En el amistoso contra Nueva Zelanda (noviembre de 2025), y ante un rival con mucho menor potencial defensivo, aparecieron otros matices en Ecuador. Leonardo Campana se movilizaba con desmarques de ruptura sobre el lateral izquierdo rival, aprovechando los espacios, mientras que Plata ocupaba zonas de remate junto a las llegadas de Angulo por el intervalo lateral-central opuesto y Yeboah por el perfil contrario (abajo). Plata se movía constantemente entre líneas, buscando atraer a los centrales rivales y abrir espacios para los desmarques de ruptura de los jugadores en zonas interiores.
En conclusión, Ecuador no es un equipo que quiera atacar con posiciones fijas, sino que busca movilidad ofensiva, intercambios constantes y superioridades dinámicas en los costados. Los extremos muchas veces terminan jugando como segundos delanteros y los laterales se convierten en piezas de amplitud máxima. Todo el modelo ofensivo está pensado para acelerar ataques rápidos y desorganizar defensas rivales antes de que puedan replegarse.

Encontrar el equilibrio defensivo-ofensivo
La mayor fortaleza de Ecuador está en su línea defensiva. Pacho, Hincapié y Ordóñez forman probablemente una de las mejores generaciones defensivas de la historia del país. Son centrales rápidos, agresivos, técnicamente preparados y muy cómodos defendiendo lejos del área. Frente a Marruecos controlaron muy bien las recepciones en zona interior, mientras que ante Países Bajos sostuvieron muchos contextos de igualdad numérica ante futbolistas como Gakpo, Brobbey o Malen. Y es que, incluso cuando Ecuador queda expuesto por la presión alta, sus centrales tienen capacidad física y táctica para corregir situaciones muy difíciles.
Sin embargo, el gran reto sigue apareciendo en el último tercio de campo. Ecuador genera ventajas, roba arriba y llega con frecuencia a zonas de finalización (abajo), pero todavía le cuesta transformar dominio territorial en goles. Valencia continúa siendo el gran referente competitivo y emocional, aunque ya no puede sostener toda la producción ofensiva del equipo. Gonzalo Plata aporta desequilibrio, Yeboah movilidad y Minda verticalidad, pero falta más continuidad en la ocupación del área y mayor contundencia en situaciones de remate.

En el partido contra Canadá en noviembre de 2025, Ecuador controló largos tramos sin generar demasiadas ocasiones claras, mientras que ante Países Bajos no terminó de atacar con suficiente agresividad. De ese modo, la selección de Beccacece tiene un reto por delante en el Mundial: añadir eficacia ofensiva a una estructura defensiva de gran nivel. Si lo consigue será, sin duda, una selección a tener muy en cuenta.
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