
laLiga, 25 de octubre de 2026
Raphinha (61)
Mbappé (41, 87)
Era un Clásico decisivo para Barcelona y Real Madrid en LaLiga. La oportunidad de los azulgranas de abrir una gran brecha de nueve puntos respecto a su máximo rival o de los blancos de reducir la distancia a tres. Entre medias, la opción del empate y de dejar todo como estaba, pero ninguno valoró esa posibilidad, ni siquiera cuando se llegó a los minutos finales con empate a uno en el marcador y ambos conjuntos cansados después de un partido vibrante, en el que Mbappé adelantó al Real Madrid de rebote tras un error en un despeje de Gerard Martín y Raphinha empató en el segundo tiempo, después de que los blancos perdonaran dos claras ocasiones para ampliar su ventaja.
Mbappé asestó el golpe definitivo al Barcelona en los últimos minutos, en una brillante acción colectiva del Real Madrid que nació de Jude Bellingham y una ruleta para salir del atasco, seguida de una transición entre Güler y Camavinga, con el centrocampista francés como asistente del goleador blanco. Mbappé marcó dos goles en el Camp Nou para llegar a los 100 con la camiseta blanca y a los 14 contra los azulgranas en 11 partidos (contando también los que jugó con el PSG).
El plan de José Mourinho funcionó a la perfección ante un Barcelona que había ganado y goleado en todos sus partidos de LaLiga. Bernardo Silva actuó en el doble pivote con Aurélien Tchouaméni, Fede Valverde como lateral derecho y Arda Güler escorado hacia el mismo perfil, pero con una gran influencia en el juego interior. Todo a máxima velocidad cuando los blancos tenían el balón y con gran seguridad defensiva para contrarrestar las virtudes del Barcelona. LaLiga vuelve a tener emoción, con Real Madrid y Barcelona separados por una distancia de tres puntos y, entre ambos, el Atlético de Madrid, beneficiado indirecto de la victoria de los blancos.
Análisis de los entrenadores
“En la segunda parte, el equipo ha empezado a hacer daño, pero justo en esa ocasión (por la del 1-2) hemos tenido una gran desconexión que nos costó el partido. No es fácil, pero tenemos que aceptarlo”, señaló Flick como balance del partido del Barcelona. “Tenemos que recuperarnos e intentar entrenar bien. Reaccionar contra esta derrota. El camino es largo durante la temporada. Estas cosas pasan y tenemos que tenerlas presentes”, añadió el alemán sobre el futuro del equipo tras perder ante PSG y Real Madrid en la misma semana.
“Gran partido, gran victoria y los chicos lo merecen” fue el titular de José Mourinho sobre el partido de sus jugadores en el Camp Nou. “Han hecho un partido extraordinario, muy organizados, muy concentrados y con mucho coraje para salir jugando desde atrás con un adversario que presiona mucho”, añadió el entrenador del Real Madrid como clave de la victoria.
A continuación, nuestros entrenadores con licencia UEFA Pro analizan en profundidad los planteamientos de Flick y Mourinho en el Clásico y explican por qué se impuso el del técnico del Real Madrid.
Neutralizar al jugador libre
El Barcelona de Flick inició el Clásico con su habitual estructura en 4-2-3-1, con Rodri y Pedri formando el doble pivote, Fermín López como mediapunta, Lamine Yamal abierto en el sector derecho, Anthony Gordon en el izquierdo y Raphinha como referencia ofensiva.
La intención azulgrana pasaba por establecer superioridades en zonas interiores, atraer la presión del Madrid mediante la circulación del balón y progresar encontrando al hombre libre entre líneas. Sin embargo, desde los primeros minutos, el equipo de Flick encontró dificultades para desarrollar ese mecanismo. Pedri y Rodri tuvieron pocas opciones de recibir orientados hacia el campo contrario, mientras que Fermín López se mantuvo demasiado adelantado, ocupando en ocasiones espacios similares a los de Raphinha. Esta disposición redujo las conexiones por dentro y obligó a Pau Cubarsí y Gerard Martín a asumir una mayor responsabilidad en la construcción del juego (abajo).
Como consecuencia, el Barcelona acumuló posesiones, pero sin la continuidad necesaria para desorganizar a su rival. Las circulaciones horizontales entre centrales y mediocentros no lograban alterar la estructura defensiva del Madrid y, cuando los azulgranas intentaban acelerar mediante pases verticales, se encontraban con frecuencia con las líneas de pase cerradas. La falta de conducciones capaces de comprometer a los centrocampistas rivales y la escasa movilidad dificultaron la generación de superioridades dinámicas. Así, el equipo de Flick tuvo el balón, pero perdió una de las principales ventajas de su modelo: la capacidad de utilizar la posesión para controlar tanto los espacios como los comportamientos del rival.

Mourinho preparó una respuesta defensiva basada en un 4-2-3-1 que, mediante emparejamientos individuales interiores, buscaba impedir la posible superioridad del Barcelona en zonas interiores. Para ello, Jude Bellingham asumía la vigilancia de Rodri, Bernardo Silva seguía los movimientos de Pedri y Aurélien Tchouaméni controlaba las recepciones de Fermín López. Este sistema de referencias individuales permitió al Real Madrid igualar numéricamente el centro del campo y orientar la salida de balón del Barcelona hacia los costados, donde Arda Güler y Yan Diomandé cerraban las líneas de pase interiores antes de activar la presión sobre el poseedor del balón.
El bloque medio del Real Madrid mantenía distancias reducidas entre la defensa y el centro del campo, evitando que Raphinha recibiera con comodidad entre Dean Huijsen e Ibrahima Konaté, los centrales (abajo). La particularidad del planteamiento de Mourinho residía en conceder cierta libertad inicial a uno de los centrales azulgranas, especialmente a Gerard Martín, para inducirlo a conducir hacia una zona previamente protegida. Cuando el defensor avanzaba, el Madrid estrechaba los espacios, activaba las ayudas defensivas y encontraba opciones de recuperar el balón con el Barcelona desplegado.
De este modo, Mourinho renunció a disputar la posesión como objetivo principal y priorizó controlar por dónde circulaba el balón, quién podía recibirlo y qué espacios quedaban disponibles tras cada recuperación. Una forma de defender que convirtió la aparente iniciativa del Barcelona en una ventaja para el equipo blanco.

Amplitud sin profundidad y los duelos exteriores
El Barcelona intentó superar el bloqueo interior mediante la amplitud de Gordon y Lamine Yamal, buscando generar situaciones de uno contra uno que permitieran progresar hacia zonas de finalización. Gordon fue el atacante más incisivo durante los primeros compases, especialmente cuando recibía abierto y podía atacar al lateral derecho, Fede Valverde, mediante conducciones diagonales. Su remate del minuto 6 y un posterior disparo del inglés desde fuera del área reflejaron la intención azulgrana de generar ventajas desde el costado izquierdo (abajo). Sin embargo, las conexiones entre extremos, laterales e interiores carecieron de continuidad.
Por la derecha, Lamine Yamal encontró dificultades para superar a Marc Cucurella, especialmente cuando recibía en estático y sin una ventaja previa generada mediante movimientos interiores. Al mismo tiempo, Fermín López buscaba atacar la espalda de Tchouaméni, pero al posicionarse muy arriba no pudo establecer apoyos intermedios que facilitaran la progresión.
La lesión de Xavi Espart en el minuto 29 añadió una dificultad organizativa al Barcelona: Alejandro Balde entró como lateral izquierdo y João Cancelo pasó al derecho. Esta modificación alteró las relaciones defensivas y ofensivas de ambos sectores, especialmente la sincronización entre el lateral, el extremo y el pivote durante las pérdidas y las posteriores presiones.

El Real Madrid respondió a la amplitud barcelonista con una defensa exterior sustentada en una buena coordinación entre laterales, extremos y mediocentros. Cucurella fue determinante en su enfrentamiento con Lamine Yamal, defendiendo con una agresividad controlada, ajustando su distancia de intervención y evitando que el extremo pudiera orientar sus recepciones hacia su pierna izquierda en posiciones ventajosas. La colaboración de Diomandé permitió establecer situaciones de dos contra uno, mientras Tchouaméni protegía las posibles recepciones interiores (abajo). En el otro sector, Valverde combinó la vigilancia defensiva sobre Gordon con la capacidad para incorporarse al ataque desde el lateral derecho.
Esta distribución permitió al equipo de Mourinho mantener la estructura de su bloque sin renunciar a amenazar los espacios exteriores. Además, la amplitud de Cucurella y los movimientos de Diomandé hacia el intervalo entre el lateral y el central generaron problemas en el costado derecho de la defensa del Barcelona. João Cancelo debía decidir entre proteger el carril exterior o cerrar el medioespacio, una disyuntiva que se agravaba cuando Lamine Yamal no completaba el repliegue y Rodri estaba demasiado lejos para ofrecer una cobertura.
El Madrid utilizó así los carriles exteriores no solo como vías de progresión, sino también para fijar defensores, desajustar las coberturas azulgranas y preparar ataques sobre los espacios que se abrían entre sus líneas.

Presión descoordinada y el espacio a la espalda
El Barcelona empezó a perder el control territorial durante el último cuarto de hora de la primera mitad, principalmente por la falta de sincronización entre su presión alta y las coberturas interiores.
El 4-2-3-1 de Flick buscaba orientar la salida de balón del Madrid mediante saltos agresivos de los extremos y el acompañamiento de los laterales, pero las distancias entre los jugadores aumentaron progresivamente. Cuando Lamine Yamal abandonaba su posición para presionar a Andriy Lunin o a uno de los centrales, João Cancelo no siempre podía acompañar el movimiento para controlar a Marc Cucurella, lo que obligaba a Rodri a desplazarse hacia el carril exterior. Ese salto dejaba desprotegida la zona central, obligando a Pedri a atender, de forma simultánea, la presión sobre el poseedor y las posibles recepciones de Bernardo Silva (abajo).
La falta de una cobertura interior coordinada permitió a Jude Bellingham encontrar espacios por delante de la línea defensiva. El problema no residía únicamente en cuán arriba estaban situados Cubarsí y Gerard Martín, sino también en la falta de presión efectiva sobre los jugadores que podían filtrar pases a su espalda.

El Real Madrid encontró en esa desorganización el escenario más favorable para desplegar su ataque vertical (abajo). Mourinho había preparado una estructura capaz de superar la primera presión mediante la participación de Bernardo Silva, Tchouaméni y Bellingham, tres futbolistas con funciones complementarias en la progresión.
Tchouaméni ofrecía una primera solución de apoyo, Bernardo Silva aportaba orientación y capacidad para acelerar mediante pases diagonales, mientras Bellingham atacaba el espacio libre generado detrás de los mediocentros barcelonistas. A partir de esas conexiones, Mbappé, Diomandé y el propio Bellingham amenazaban simultáneamente diferentes intervalos de la última línea. La movilidad de Diomandé resultó especialmente importante para fijar a João Cancelo, atacar el espacio izquierdo y facilitar las incorporaciones de Cucurella desde posiciones exteriores.
El primer gol nació precisamente de esa relación, con una progresión por el sector izquierdo que terminó en un envío de Diomandé hacia el área. Aunque el remate final tuvo un componente fortuito, con el error en el despeje de Gerard Martín y el rebote sobre Mbappé, la ventaja territorial se había construido mediante la explotación de una superioridad posicional. Antes del descanso, el Madrid volvió a amenazar con una acción de Diomandé que terminó con un disparo al lateral de la red.
La clave del Real Madrid en la primera parte no estuvo en atacar de forma constante, sino en identificar cuándo había superado la presión rival y acelerar entonces ante una defensa obligada a correr hacia su propia portería.

La reacción de Flick
Tras el descanso, el Barcelona adelantó su posicionamiento colectivo y consiguió prolongar sus posesiones en campo contrario. Esta mejora estuvo relacionada con una mayor participación de Pedri en la creación, una circulación menos precipitada y una capacidad para situar a sus extremos cerca del área rival. Gordon siguió aportando profundidad por la izquierda, mientras que Raphinha aumentó su movilidad para recibir a distintas alturas y atacar los espacios interiores.
Sin embargo, el Barcelona seguía encontrando dificultades para transformar su dominio territorial en ocasiones claras de gol. Así y todo, el empate llegó en el minuto 60 a través de una acción a balón parado, cuando Pedri encontró a Raphinha en el sector derecho del área después de un saque de esquina ejecutado en corto. El brasileño finalizó con su pierna izquierda, aprovechando una situación de recepción favorable (abajo).

El 1-1 modificó el desarrollo del encuentro y permitió al Barcelona aumentar su presencia en el último tercio de campo. Gerard Martín estuvo cerca de adelantar a los azulgranas con un cabezazo que exigió una intervención extraordinaria de Lunin. Por su parte, Lamine Yamal dispuso de varios remates desde posiciones interiores. La entrada de Frenkie de Jong por Fermín López en el minuto 73 buscó reforzar la estructura del mediocampo, mejorar las conexiones entre líneas y ofrecer una mayor seguridad durante la circulación de balón. Con De Jong —junto a Rodri y Pedri—, Flick incorporaba un perfil adicional para conservar la pelota y gestionar mejor los ritmos, aunque la necesidad de atacar continuó condicionando el equilibrio del equipo.
El Real Madrid atravesó sus mayores dificultades tras el empate, cuando el Barcelona logró acortar las distancias entre sus líneas y aumentar la frecuencia de sus ataques posicionales. La estructura defensiva blanca mantuvo como referencia el 4-2-3-1, aunque por momentos adoptó un 4-4-2 cuando Bellingham adelantaba su posición para situarse junto a Mbappé. Sin embargo, el equipo empezó a defender durante periodos más prolongados cerca de su propia área. Huijsen e Konaté tuvieron que intervenir con mayor frecuencia ante las llegadas por dentro, mientras Cucurella mantuvo la vigilancia sobre Lamine Yamal (abajo) y las ayudas del mediocampo protegieron los intervalos interiores.
La sustitución de Valverde por Denzel Dumfries en el minuto 61 permitió al Real Madrid mantener el despliegue físico y la capacidad de recorrido en el lateral derecho. No obstante, el Madrid no abandonó su amenaza a la hora de hacer una transición. Mourinho aceptó que su equipo tuviera menos continuidad con balón, pero conservó una estructura capaz de defender el área y atacar inmediatamente después de recuperar. La gestión de este tramo resultó fundamental: el Madrid no necesitaba recuperar el dominio territorial, sino impedir que el Barcelona transformara su superioridad momentánea en una ventaja definitiva en el marcador.

La transición que decidió el Clásico
En el tramo final, el Barcelona mantuvo su intención de atacar en campo contrario, pero volvió a mostrar dificultades para equilibrar la ocupación ofensiva con la protección de los espacios tras perder la pelota.
Las entradas de Karim Adeyemi y Gabriel Jesus por el Barcelona en la recta final buscaron aumentar la profundidad ofensiva y la presencia en zonas de remate, aunque también alteraron las relaciones de cobertura (abajo). Balde mantenía una posición adelantada, João Cancelo debía defender espacios amplios y los centrales quedaban expuestos ante posibles transiciones.

Mourinho encontró la solución definitiva con la entrada de Eduardo Camavinga por Bernardo Silva en el minuto 79. El francés aportó recorrido, capacidad de conducción y agresividad para atacar espacios desde la segunda línea. En la jugada decisiva, una genialidad de Jude Bellingham contribuyó a superar la presión rival y Arda Güler dio continuidad al contraataque por el sector derecho. Camavinga atacó el espacio liberado, superó a su marcador con una acción técnica dentro del área y asistió a Kylian Mbappé, quien remató sin oposición para establecer el 1-2.
El movimiento del centrocampista francés fue especialmente relevante porque incorporó un nuevo atacante desde una posición retrasada, dificultando la asignación de marcas y las coberturas azulgranas. Mbappé, por su parte, volvió a interpretar a la perfección el momento de atacar el área, desmarcándose de sus referencias defensivas para recibir en ventaja y finalizar la jugada (abajo).

El Madrid culminó su plan con una victoria ante el Barcelona, basada en la protección del carril central, la orientación de la circulación rival hacia los costados y la explotación de los espacios que se abrían tras cada recuperación.
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